viernes, 20 de marzo de 2015

LOS ESCOLTAS ACTUAMOS DE DIFERENTE MANERA ANTE UN ENFRENTAMIENTO ARMADO.

PORQUE LOS ESCOLTAS ACTUAMOS DE DIFERENTE MANERA ANTE UN ENFRENTAMIENTO ARMADO.
Ante la percepción del peligro, ya sea localizado por el sentido de la vista, oído u olfato nos enfrentamos a un combate o busca la huida. La huida no es más que otra forma de sobrevivir.
Una vez localizada esa amenaza es cuando realmente el organismo es consciente de que está en peligro, y es en ese momento cuando el cuerpo experimenta, de modo automático, una serie de cambios que aportarán aquellas capacidades de lucha o de huida. Eso pasa cuando un agente de protección fo-caliza una agresión y a su agresor.
El factor psicológico es el que domina el miedo, el deseo de vivir y la preparación del sujeto ante la agresión. Cuando el sujeto que recibe la agresión física se siente preparado para la lucha, mantiene cierto control de la situación y se siente más “normal” ante la agresión o situación hostil. Cuando el agredido no se siente preparado, bien por la falta de formación o bien por no esperar la agresión y venir ésta por total sorpresa, el sujeto pasa por las fases de estrés positivo o negativo. Si lo hace primero por el EUTRÉS (estrés positivo) será un buen momento para iniciar la defensa, pero si entra en DISTRÉS (estrés negativo) ya será casi imposible hacer una defensa eficaz, por perderse todo el control del cuerpo y de sus reacciones; es cuando propicia la huida del combate o el abandono de sí mismo ante la agresión y es cuando el factor fisiológico no es dominado por el sujeto. En todo esto, el control de la capacidad cognitiva es fundamental.
Debemos entender por competitividad la capacidad del control de lo conocido, de lo aprendido y de lo memorizado; así como la capacidad de reconocer, comprender y organizar lo anterior. Si no somos capaces de organizar la información que estamos recibiendo durante el combate, y la que traíamos aprendida de casa… no podremos responder adecuadamente a la agresión. En definitiva, es preciso ser coherente entre lo que vemos, lo que sabemos y lo que hacemos.
Por todo esto, es de rigor profesional organizar ejercicios de tiro de adiestramiento defensivo y reactivo que no sean complejos, sino que sean de fácil asimilación para el escolta e ir aumentando su complejidad con el trascurso de su profesionalismo.
Llegado el momento del combate, el cuerpo y la mente actuarán del modo más natural, de manera que en ese momento el cerebro puede ordenar al cuerpo, o resto de órganos intervinientes, ser más rápido y eficaz. Así pues, muchas son las veces en que los escoltas, ante un enfrentamiento serio y real contra su vida, actúan de modo distinto a como fueron entrenados.


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